👌. La palabra tenségridad proviene del inglés “tensegrity”, un término acuñado por el arquitecto e inventor Buckminster Fuller en los años 1960.
Su etimología combina dos raíces:
“tension” (del latín tensio, de tendere: “tender, estirar”), que alude a la fuerza de estiramiento o sostén.
“integrity” (del latín integritas: “totalidad, indivisibilidad, cohesión”), que significa integridad, unidad o coherencia estructural.
👉 Por eso, tensegrity significa literalmente “integridad tensional”, es decir, un sistema cuya solidez y forma dependen de un equilibrio dinámico de tensiones y compresiones más que de elementos rígidos.
En español se adaptó como tenségridad, manteniendo el mismo sentido: integridad a través de la tensión.
Entonces la tenségridad es un principio estructural (idea o ley fundamental que organiza la forma y función de un sistema, permitiendo comprender cómo se sostiene y se mueve sin colapsar) en el que la estabilidad y movilidad de un sistema no dependen de la rigidez, sino del equilibrio dinámico entre fuerzas de tensión y compresión.
Los elementos de tensión (músculos, fascias, ligamentos, tendones) sostienen y distribuyen el movimiento.
Los elementos de compresión (huesos, articulaciones) no cargan todo el peso, sino que flotan y se organizan dentro de esa red tensional.
👉 En el cuerpo, esto significa que no somos un sistema rígido de palancas, sino una red viva donde la fuerza se reparte de manera continua.
En el lenguaje común, "tensión" suele entenderse como rigidez, contracción, estrés muscular o bloqueo.
En tenségridad, la tensión no es bloqueo, sino elasticidad activa: una cuerda que sostiene, un arco que permite continuidad, un tejido que transmite información.
Es decir:
Tensión rígida → inmovilidad, resistencia, dureza.
Tensión tenségrica → sostén flexible, conexión, disponibilidad para el movimiento.
Por eso, en pedagogía (disciplina que estudia los métodos y prácticas de enseñanza con el fin de guiar y favorecer el aprendizaje de otros) conviene rescatar el término “tensión” en positivo, mostrándola como presencia, atención corporal, red activa de sostén y no como rigidez.
En el tango, la tensegridad se manifiesta en varios niveles:
En el cuerpo individual:
El bailarín no necesita “fuerza bruta” para sostenerse.
El equilibrio surge de una distribución dinámica de tensiones (músculos, fascias) que permiten que el esqueleto esté disponible y móvil.
Esto habilita economía de esfuerzo, elegancia y precisión.
En la pareja:
El abrazo no es rigidez ni peso muerto, sino una red tensional compartida.
Cada cuerpo se sostiene en sí mismo y, al mismo tiempo, aporta elasticidad al otro.
Así se logra comunicación clara: la información de un movimiento se transmite como en una red tensada, con continuidad.
En la improvisación:
La tenségridad es la base para que el movimiento pueda nacer en cualquier dirección sin depender de secuencias prefabricadas.
Cada paso es un ajuste fino en esa red tensional: atención + intención + disponibilidad.
📌 Frase clave para enseñar
"En el tango no buscamos cuerpos rígidos ni flojos, sino cuerpos tenségricos: una red viva donde la tensión es elasticidad que sostiene, transmite y conecta."
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Obra registrada en la Dirección Nacional del Derecho de Autor.
Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa de los autores.
Pablo Gutiérrez y Celia Villarreal
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