¿Te pasa que estás en clase y que tratas de hacer una figura, un ejercicio, un paso… y no te sale?
O que, cuanto más lo intentas, menos te sale?
O que, vas a la milonga y sentís que no pegas una?
O que, hay personas con las que pareciera que no podés bailar?
¿Y que cuanto más te obligas a hacerlo bien, más tenso te pones y menos lo disfrutas?
Si te pasa todo esto queremos que sepas que…
No estás solo.
Nos pasa a todos.
O nos ha pasado a todos.
Pero no es un problema de técnica.
Ni de talento.
Ni de nivel.
Es un asunto más profundo: es tu relación con tu bailarín interior.
Hoy queremos invitarte a reconectar con esa parte tuya que sabe cómo moverse sin miedo, cómo aprender sin presión y cómo disfrutar incluso en el error.
Porque el tango no empieza afuera.
Empieza adentro.
Cuando logramos alinear mente, cuerpo y emoción, algo poderoso sucede:
entramos en un estado de inspiración, creatividad y felicidad interna.
Todo fluye con más naturalidad.
La información se asimila mejor.
El aprendizaje se vuelve disfrute.
Y desde ese lugar, bailar se convierte en una forma de ser.
Ese es tu bailarín interno.
No es una fantasía.
Es real.
Está ahí, esperando que lo escuches.
El mayor obstáculo para conectar con tu bailarín interno no está afuera.
Está en lo que te decís a vos mismo todos los días:
“No puedo.”
"No me sale"
“Soy torpe.”
“Soy tonto.”
“No nací para esto.”
“Seguro se van a reír.”
“Qué van a pensar.”
“Qué vergüenza.”
“No es para mí.”
Son frases que repetimos sin darnos cuenta.
Palabras que tal vez escuchamos alguna vez… y que se quedaron a vivir dentro.
Como pequeños gusanos mentales que sabotean nuestro potencial.
Pero no son verdades.
Son hábitos mentales.
Y los hábitos se pueden cambiar.
“Las creencias no son ideas que tenés, sino ideas que te tienen a vos.”
— Robert Dilts
Lo que no se nombra, no se puede transformar.
Por eso, el primer paso es prestar atención plena a tu lenguaje interno.
Observar qué te decís cuando algo no te sale.
Cuando estás cansado.
Cuando te equivocás.
Cuando te comparás con otro.
Y una vez que reconocés esas frases, podés elegir reemplazarlas por otras:
Boicot Interno Reemplazo Potenciador “No me sale” “Todavía no lo descubrí” “Soy torpe” “Estoy aprendiendo a reconocer mi eje” “Qué vergüenza” “Estoy siendo valiente” “No quiero fallar” “El error es parte del camino” “No soy bueno para esto” “Estoy reconectando con mi capacidad natural”
“La calidad de tus pensamientos determina la calidad de tu vida.”
— Lair Ribeiro
Este simple cambio de palabras puede relajar tu cuerpo, abrir tu mente y liberar tu danza.
¿Qué herramientas ayudan a conectar con ese estado?
No se trata de magia.
Se trata de práctica.
De crear un hábito interno que te devuelva a vos mismo, una y otra vez, y te ayude a volver a tu centro,
Estas son algunas herramientas concretas para empezar hoy:
Atención plena:
Observá tus pensamientos sin juzgarlos.
No los rechaces ni los escondas. Solo escuchalos con curiosidad.
Identificá las frases que aparecen cuando algo no te sale y ponelas en palabras claras. Nombrarlas es el primer paso para soltarlas.
Escritura o verbalización:
Sacá tus frases internas a la luz.
Pero no lo hagas en el celular ni en la computadora: tomá un cuaderno, usá lápiz y papel.
Escribir con tu propia letra activa zonas cerebrales que fijan el conocimiento, lo vuelven real y profundo.
Empezá a registrar las palabras que identificaste. Dibujalas con tu mano. Hacelas visibles.
Respiración consciente:
Relajá el cuerpo para cambiar el estado mental.
Sentí tu respiración, aflojá tus hombros, tus manos, tu ceño.
Observá dónde hay tensión en tu cuerpo… y soltalá.
Respirar con conciencia es controlar tu energía. Es recuperar tu centro.
Visualización positiva:
Imaginá tu danza desde la confianza, no desde el miedo.
Visualizate logrando eso que deseás, paso a paso.
Porque cuando tu mente puede imaginarlo con claridad, tu cuerpo responde.
Visualizar no es soñar: es ensayar desde adentro lo que luego vas a crear afuera.
Repeticiones constructivas:
Elegí frases que refuercen tu potencial y desbloqueen tus miedos.
Empezá a decirte:
“Me encanta esto.”
“Qué buen desafío.”
“Espectacular, lo vamos a lograr.”
“Esto es para mí.”
“Una papa.”
“Pan comido.”
“Está hecho para mí.”
Podés inventar tus propias frases también, con humor, con fuerza, con compasion.
Lo importante es reemplazar el enojo y el juicio por palabras que te potencien y te alivien.
“El cuerpo escucha todo lo que la mente dice.”
— Deepak Chopra
Lo maravilloso es que este cambio interno no solo te beneficia a vos.
También transforma cómo te relacionas con los demás.
Cuando dejas de exigirte perfección, dejas de exigirla en los otros.
Cuando sos más amable con vos mismo, te volvés más empático con quien recién empieza.
Cuando soltás el juicio, aparece la compasión.
Y entonces, en lugar de frustrarte con el otro, querés acompañarlo.
En lugar de cerrarte, te abrís.
En lugar de comparar, compartís.
“La empatía es el antídoto del juicio.”
— Brené Brown
Así, no solo mejorás como bailarín.
Te volvés mejor compañero de camino.
A muchas personas les hicieron creer que no podían bailar.
Porque eran “muy grandes”.
O “muy bajitas”.
Porque “no tenían el cuerpo”.
Porque no se parecían a lo que se ve en una postal, en una película o en un escenario.
Y esas creencias —aunque falsas— se instalaron como verdades internas.
Pero bailar no tiene nada que ver con eso.
No es cuestión de edad, ni de forma, ni de estilo.
Es cuestión de entender que todos nacimos capaces de hacerlo.
Todos vimos que un bebé reacciona con la música y al verlo moverse exclamamos
-"Mira que lindo como baila es muy hermoso!"
Todos fuimos bebés así que todos nosotros, aunque no lo recordemos, alguna vez bailamos.
Y bailamos por que está en nuestra naturaleza, por que es parte de las habilidades humanas como hablar, pensar, entender, expresarnos, escribir, pintar, dibujar, esculpir, cantar, y todas las habilidades que son parte de nuestro "SER" y que al dedicarle tiempo y atención desarrollamos la habilidad que traemos de forma natural en nuestro interior, solo estamos regando y alimentando esa semillita que esta lista para crecer como parte de nuestro ser.
Por eso empezá a decirte a vos mismo "Yo soy Bailarín". Dale reconocimiento a ese bailarín que por mil y una causas externas vos elegiste sepultar bajo la opinión de otros a quienes les diste la autoridad de decidir quien ibas a ser y dejaste de reconocer su verdadera identidad. Por que todo tu cuerpo, tu mente y tus emociones están diseñadas para que puedas reaccionar y disfrutar de la música y elevar tu conexión con ella hasta el nivel que vos elijas y convertirlo en un arte.
“El yo que creemos ser es solo una historia contada muchas veces. Podemos cambiarla.”
— Eckhart Tolle
Otra trampa mental es creer que bailar bien es “bailar como en el escenario”.
Y sin darnos cuenta, empezamos a perseguir una imagen artificial:
una pose, una estética, un modelo de perfección que no está hecho para ser vivido, sino para ser mostrado.
Eso nos desconecta de nuestra verdad.
Nos hace sentir que “nunca vamos a estar a la altura”.
Pero el tango real no es una pose.
Es un encuentro.
Y el mejor tango es el que nace de tu cuerpo el que vos tenés, el tuyo que te lleva, te trae y está acá, ahora, presente, sincero, único. Ese que nos regalaron y con el que vamos a vivir.
Y tu cuerpo al ser único con sus propias cualidades, físicas, estructurales y de movimiento, no pueden copiarse, ni ser adaptadas a la misma identidad de otro cuerpo que tiene sus otras propias características que lo hacen único. Porque desarrollar nuestra propia identidad significa aceptar que no somos iguales a ningún otro y por eso únicos.
“La autenticidad es más poderosa que la perfección.”
— Brené Brown
Entonces, la próxima vez que:
-En clase, te frustres porque un paso no te sale…
-En la milonga, sientas que no conectas con nadie…
-Te encuentres enojado con vos mismo o con otro…
Frená.
Respirá.
Recordá.
Tu bailarín interno no necesita que hagas todo perfecto.
Necesita que le creas.
Que lo escuches.
Y que lo dejes expresarse desde el cuerpo, sin tanta presión mental.
Volvé a tu centro.
Perdonate.
Felicitate por estar ahí, intentando.
Tenete paciencia.
Tenete compasión.
Y si el otro está cayendo en la misma trampa, ayudalo.
Invitalo a frenar.
A respirar.
A volver al placer de bailar, sin exigencias ni máscaras.
Porque cada paso que damos en esa dirección —más amable, más relajada, más auténtica—
nos devuelve algo más que técnica.
Nos devuelve a nosotros mismos.
Y entonces el tango, finalmente, se vuelve lo que siempre fue:
un arte de estar presentes.
Juntos.
Vivos.
En movimiento.
Método de Improvisación Creativa®
Academia MIC de Tango
Pablo Gutiérrez - Celia Villarreal
Julio 2025
Todos los contenidos de esta publicación están protegidos por la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual.
Obra registrada en la Dirección Nacional del Derecho de Autor.
Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa de los autores.
Pablo Gutiérrez y Celia Villarreal
COMENTARIOS
Todos los contenidos de esta web están protegidos por la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual.
Todos los textos y expresiones de esta obra están registrados en la Dirección Nacional del Derecho de Autor.
Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa de los autores.
Pablo Gutiérrez y Celia Villarreal
MIC® - Método de Improvisación Creativa®
Escuela de tango Creativo ®
Retiro de Tango ®
Verdad Sin Secuencias ®
Propioceptor ®
Crea y vende tu curso on line con Systeme© ingresa aquí systeme.io