¿Alguna vez te escuchaste decir o pensar: “yo solo sé lo básico”?
¿O al mirar a otro bailarín, pensaste: “ella es principiante”, o “él ya es avanzado”?
Estas frases parecen inocentes, pero esconden un poder silencioso.
Un poder que moldea cómo nos vemos, cómo vemos a los demás y cómo nos vinculamos en el tango… y en la vida.
Hoy queremos invitarte a hacer una pausa.
A mirar más de cerca las palabras que usamos para describirnos, para nombrar a los otros, para establecer diferencias.
Porque lo que nombramos… lo creamos.
Y en el tango —ese arte profundamente humano— las palabras también bailan.
En la mayoría de los contextos, cuando alguien dice que sabe lo “básico”, está sugiriendo que su conocimiento es pobre, insuficiente, apenas un primer paso.
En cambio, si alguien dice que tiene conocimientos “fundamentales”, aunque describa las mismas ideas o pasos, la percepción cambia. “Fundamental” suena sólido, profundo, valioso.
Pero… ¿y si esas dos palabras no fueran sinónimos?
La diferencia no está solo en el diccionario. Está en lo que generan internamente.
Cuando nos decimos que “sabemos lo básico”, es fácil que emerja la inseguridad, la comparación, la autolimitación.
En cambio, cuando reconocemos que lo que sabemos es “fundamental”, comprendemos que tenemos algo firme sobre lo cual construir.
Porque no se trata de cuánto sabes, sino de desde dónde lo sabes.
“El lenguaje no solo describe la realidad; la construye.”
— Ludwig Wittgenstein
En muchas escuelas y prácticas de tango, el conocimiento se divide en niveles: principiante, intermedio, avanzado.
Y aunque esta organización puede tener fines prácticos, también trae efectos secundarios invisibles.
Cuando creemos que estamos en un “nivel bajo”, empezamos a creernos “menos”.
Cuando creemos que alguien está en un “nivel alto”, podemos sentirnos inferiores, o al contrario, despreciar a quienes no alcanzan “nuestro nivel”.
En la milonga, esto se traduce en decisiones tan sutiles como dolorosas: no invitar a alguien a bailar porque creemos que “no está a la altura”… o no aceptar una invitación porque creemos que el otro “no está a nuestro nivel”.
Y así, las etiquetas nos separan.
Nos limitan.
Nos impiden vivir lo más esencial del tango: la conexión humana.
“La atención plena nos permite observar sin juzgar, y eso abre la puerta a una nueva forma de inteligencia emocional.”
— Daniel Goleman
¿Quién podría decir con certeza el nivel de un bailarín o una bailarina?
¿Hay alguna unidad universal para medirlo?
¿Y si la persona con la que estás por bailar tiene 90 años…y sus forma de bailar no te gustan pero tiene una escucha altísima pero su movilidad lo tiene limitado ?
¿O si apenas está empezando, pero tiene una sensibilidad extraordinaria, y su movilidad melódica está en desarrollo?
El tango no es una competencia.
Tampoco es un ranking.
El tango es un encuentro entre personas.
Y la danza que surge de ese encuentro es tanto técnica como puramente humana.
La calidad de lo que sucede depende absolutamente de cómo consideramos a quien aceptó bailar con nosotros y nos dijo que sí.
“La conexión sólo es posible cuando nos permitimos ser vistos y vemos al otro sin intentar arreglarlo.”
— Brené Brown
En la Escuela de Tango Creativo, proponemos cambiar el foco.
En lugar de hablar de niveles, hablamos de fundamentos adquiridos.
No se trata de cuántas figuras conocés, sino de si entendés —y encarnás— los principios que sostienen el movimiento.
Hablar de fundamentos desplaza el juicio de valor.
Deja de tratarse de “saber mucho o poco” y pasa a ser: ¿qué base tenés? ¿Qué herramientas podés usar y combinar creativamente?
Esto también democratiza el aprendizaje.
Porque todos podemos fortalecer nuestros fundamentos.
Y desde allí, construir un baile más genuino, más libre y más nuestro.
Muchas veces, decimos: “no me gusta cómo baila”, “ese estilo no me va”, “ese abrazo no me dice nada”.
Y confundimos gusto personal con verdad objetiva.
Pero el gusto es solo eso: un filtro subjetivo, muchas veces cargado de prejuicios.
Y juzgar a alguien por su forma de bailar, sin conocer su historia, su contexto o su intención, puede volverse una forma sutil de ignorancia.
“Toda crítica es la trágica expresión de una necesidad insatisfecha.”
— Marshall Rosenberg
Lo que no nos gusta muchas veces tiene más que ver con lo que nos incomoda de nosotros mismos, con lo que no comprendemos aún, o con aquello que no encaja en nuestro modelo mental de lo que "debería ser" el tango.
¿Y si empezáramos a ver más allá de nuestros gustos?
¿Y si, en lugar de filtrar la realidad entre "me gusta / no me gusta", intentáramos ver la belleza del otro como una manifestación legítima de su experiencia?
Porque el valor de una persona no se mide por nuestro gusto.
Y el tango, cuando se vuelve juicio, pierde su esencia.
Pero cuando se vuelve encuentro humano, nos transforma.
El tango no necesita más categorías que nos separen.
Necesita puentes.
Y esos puentes se construyen con palabras que unen, no que comparan.
Con miradas que acogen, no que clasifican.
Con una pedagogía que se basa en fundamentos, no en niveles.
Hoy, podés empezar por cambiar una palabra.
La próxima vez que pienses “sé lo básico”, probá decirte:
“Tengo conocimientos fundamentales… y estoy construyendo desde ahí.”
Porque lo fundamental no es cuánto sabés, sino cómo sostenés lo que sabés.
No es si te invitan a bailar mucho, sino si cuando bailás, lo haces con total honestidad y verdad.
Y quizás así, paso a paso, podamos transformar el modo en que aprendemos, enseñamos y compartimos esta danza.
No para volvernos “mejores” que nadie, sino para reconocernos entre todos, con más compasión, más humildad y más humanidad.
Método de Improvisación Creativa®
Academia MIC de Tango
Pablo Gutiérrez - Celia Villarreal
Julio 2025
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Obra registrada en la Dirección Nacional del Derecho de Autor.
Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa de los autores.
Pablo Gutiérrez y Celia Villarreal
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